Cada idioma aprendido es una puerta que se abre. A nuevas culturas, a nuevas personas, a nuevas formas de pensar. Un niño que aprende idiomas desarrolla una mayor capacidad de adaptación, empatía y comprensión del entorno que le rodea.
Los idiomas les permiten viajar con seguridad, estudiar en otros países, acceder a mejores oportunidades académicas y profesionales y, sobre todo, sentirse parte del mundo, no solo espectadores.