En la educación infantil, la mesa no es solo un lugar donde se realizan manualidades o se merienda, sino también un espacio fundamental para el aprendizaje social. En torno a ella, los niños aprenden a esperar su turno, a pedir las cosas con respeto, a compartir materiales, a escuchar a los demás y a resolver pequeños conflictos cotidianos.
Estas competencias no se enseñan únicamente con instrucciones verbales, sino que se construyen principalmente a través del modelado, observando cómo actúan los adultos y reproduciendo esas conductas en un entorno seguro. Cuando el docente se sienta con ellos, puede acompañar estos procesos de manera natural y cercana.