Educar en lo digital no consiste solo en poner límites de tiempo o en decidir qué dispositivos pueden usar. Eso es necesario, sí, pero insuficiente. El verdadero acompañamiento empieza cuando explicamos el por qué de las normas, cuando hablamos de lo que ven, de lo que consumen, de cómo se sienten frente a una pantalla.
Familias y docentes tenemos la responsabilidad de transformar el uso pasivo en aprendizaje activo. De pasar del “no uses tanto el móvil” al “¿qué estás haciendo con él?”, del “eso no sirve para nada” al “¿qué puedes crear con esta herramienta?”.
Además, educar en tecnología es educar en pensamiento crítico. Es enseñar a cuestionar lo que aparece en una pantalla, a distinguir información de desinformación, a entender que no todo lo que se ve es real ni todo lo que brilla es verdad. Es hablar de privacidad, de respeto, de huella digital y de seguridad, incluso cuando esas conversaciones resultan incómodas.